Menos mal que las mamás no hablamos de verdad de nuestros retoños cuando nos pregnutan. Al menos yo. He de confesar que de las cosas que más orgullosa me siento de mi niña son banalidades que cualquier persona en su sano juicio jamás mencionaría en una lista de aptitudes de sus bebés. Normalmente dirían que su bebé gatea, dice frases completas o recoge los juguetes siempre. Para mí los logros de mi pequeña que más satisfacción me han dado no tienen nada que ver con eso: rompí a reir el día que la ví cogiéndose los pies y limpiándose las pelotillas de entre los dedos (ritual que hace cada vez que tiene los pies descalzos), o cuando se sonó los mocos por primera vez (esperaba ese momento como agua de mayo). Sin embargo no recuerdo su primerísima palabra, ni cuando la entendí por primera vez en algo. Una vez, hablando con una compañera de trabajo que acababa de tener un bebé, me contó que la dejaba llorar a espacios de no más de 15 minutos (15 minutos en un bebé… deben ser como tres días de desolación) y yo le dije que nunca había dejado llorar a mi hija. Entonces me soltó un bonito sermón en el que me indicaba que sus padres habían actuado así con ella y sus dos hermanos, y que su hermano era un reconocidísimo ingeniero industrial, socio de una gran multinacional, y su hermana profesora de fisioterapia en la universidad… no fui capaz de decirle que yo no quería ni remotamente que mi hija hiciera eso. Creo que los planes que tengo para mi hija son mucho más simples: sólo quiero que sea feliz. Ahora y siempre.
Posteado por: Artemisa, la terrestre | 17/01/2010
Las absurdas cosas por las que babeamos los padres
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Escrito en De mami por la vida
